jueves, 15 de septiembre de 2011

Pruebas musicales I (lo que implica que puede haber una II)

Siete minutos y tres segundos son suficientes para desangrar el alma. Se apagan las luces, sin duda, y entonces empieza el piano. No sé qué notas serán, aunque estaría bien saberlas, y el ritmo inicial es frenético porque en primera instancia es una contrarreloj.
No hay tic-tac sino un dos por cuatro que avanza implacable. Pierdo la noción del tiempo y aporreo el teclado como si fuera un piano. Es imposible no tratar de seguir el ritmo. No lo logro.
Me pregunto qué puedo decir. Qué se puede hacer en siete minutos y tres segundos. Posiblemente apenas me queden unos cuatro o cinco porque la música ya se está volviendo solemne. Me gustaría poder desvelar los secretos de la vida en este intervalo, pero ni siquiera sé qué dudas hay.
La vida es demasiado corta o demasiado larga, el amor se pasa de intensidad o se pierde en el vacío, las amistades dejan abierto el grifo del tiempo o no llenan ni un vasito de solidaridad, las ciudades son muy bonitas y aburridas o divertidísimas pero nadie usa las papeleras públicas.
Todo son contrastes, no hay puntos medios. No parece que pueda existir nada sin que su contrario lo equilibre. Así que, si hay un secreto en esta vida, debe de ser algo así como tratar de no encontrarlo jamás.
Y treinta segundos de música sin más tecleteo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario