Va, que os voy debiendo una ya.
Sin duda son dos y un acento extraño, una especie de susurro a la hora de pronunciar un "sí" de forma que suena una ese susurrada y cualquiera afirmaría que lo que se está pronunciando es un "quizás".
Sin duda son los años que pasan, los metros que vuelan, los segundos que corren, el espacio que avanza y toda una infinidad de tópicos gastados.
Sin duda son dos, otra vez dos, siempre dos. Dos sin ser simétricos, dos sin ser pareja, dos sin ser ni perpendiculares ni paralelos. Dos de distintos colores, si los aprecias, dos de diferentes olores, si los distingues, dos como los ojos, que no eran verdes, que no eran rojos, que no eran ojos.
Sin duda es la hora, el lugar, el momento. La ciudad, vacía, las mentes abiertas y los sofás ocupados por quien no debería estar ocupándolos.
Sin duda hablan de Madrid, o de Barcelona, o de Jordania o de Kabul. Sin duda hablan de una ciudad, que es nueva, y de unos recuerdos, que son viejos.
Sin duda aprenden de los demás, platican o no llegan a tanto, simplemente hablan, de ética, y de cine, y de sexo, y de drogas, y como no les gusta el rock ni la música clásica quizá no escuchan nada más que su voz y su voz.
Sin duda tienen algo. Se consideraban solos, separados y, como ahora, como nunca, como siempre, se equivocaban. Tienen. Se tienen. Y ahora, como nunca, como siempre, tienen miedo a perderse.
Sin duda sonríen. Porque se tienen. Porque se pierden. Porque lo saben.
Sin duda son dos y ese acento extraño.
Sin duda hay pocas cosas más maravillosas que recuperar el miedo a perder aquello que tienes. Que pierdes. Que dudas.
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